Cómo ser un asesino literario

A muchos les encanta escribir sobre sus sueños, cuentos de hadas y amores, pero no hay labor más noble que la de matar a punta de pluma y la de ver correr tinta entre letras, creación y desastre. 
Cualquiera no puede ser un asesino literario. Necesita dosis de pasión, orgullo, desamor, idealismo, romanticismo y decepción. 

Para ser un asesino literario: 

1. Debe haber leído 'El principito', algo de Truman Capote, 'Cien años de soledad' y el infaltable Edgar Allan Poe con su cuervo y su corazón delator, para que, en medio de la ficción, la persona haga la comparación entre lo que debería ser un mundo feliz y su realidad.

2. Leer noticias de Colombia. No hay nada más resentido que ver la destrucción patria.

3. Haber sido víctima del desamor o creerse incapacitado para amar. Anhelar un amor de novela le hará entender que la vida siempre juega sucio, que todos tenemos defectos de los que, incluso usted en alguna ocasión, se hará el de la vista gorda; así mismo, llegará un punto en que a su ser nadie se lo aguantará. 

4. Tener la escritura como medio de desahogo. Si usted tiene mil notas garabateadas que nadie jamás ha visto, va por buen camino. 

5. Respetar la muerte. Entender su belleza y lo sublime de la misma es fundamental. Al fin y al cabo a sus brazos caerán todos sus personajes por obra de su ingenio, lo importante es la creatividad con que se cumpla cada destino. Si le encanta el día de muertos y las calacas de Diego Rivera, es usted un entendedor de la seducción misteriosa de la parca.

6. Tener algunas ideas de psicología. Realizar perfiles psicológicos y trabajar estereotipos facilitará la construcción de cada uno de sus personajes. De ésta manera podrá ofrecerle la muerte o el suicidio más adecuado. Finalmente, el componente humano, por más ficción que se esté escribiendo, es el encargado de inspirar el detalle crudo, frío y real de cada historia. 

7. La sensibilidad ante la vida le ofrecerá material inédito. 

8. La observación. Haga oda a los detalles y a la cotidianidad. Con una mirada nostálgica entenderá las razones por las cuales la mayoría de personas no quieren vivir en el mundo. No se deje engañar por las sonrisas, son inspiradas en arlequines malditos que jamás pudieron liberarse de su tarea de diversión. 

9. La escritura. Escriba todo lo que se le ocurra, lo que le da malgenio. Mate a las personas que quiera liberar de sus penas con el honor que se merecen. Enamore a sus lectores de la muerte, enamore a sus personajes de la muerte y déjelos ir plácidamente en una narrativa de reconciliación; y lo más importante, no olvide que usted mismo debe enamorarse de la muerte. 

10. No descuide los pequeños placeres. Sonreír también es morir, pero con gusto.  Tome café, beba y fume cuando se le antoje. A veces, los vicios serán el único consuelo para tantos homicidios que, nacidos de la mente y entre hoja y letra, haya cometido. 
Matar es un arte psicológico, cargar con cadáveres genera el aprecio rotundo hacia la muerte. Así, al final de su tiempo se reunirá con cada una de sus víctimas a celebrar la delicia de la escritura, la ingeniosidad de su cabeza y el amor certero que tiene hacia ese misterio, deleitable de sentir, que lo hará caer en carne (o alma) propia en un féretro de algún cementerio. 

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