A ti, mi primer amor.
Sé, tal vez, que en este momento ni siquiera te debes acordar
de mí, pero pensando a lo largo de mi vida y estos 70 años que me pesan encima,
quise recordar el inicio de mis grandes aventuras y así mismo de mis primeros
bailes con el amor.
Fue allí cuando te encontré, hace más
de 30 años, ¡como vuela el tiempo!... recuerdo las sonrisas, las maripositas y
la inocencia con la que nos mirábamos. Además de tus juegos infantiles y tus
chocolatinas y bombones diarios. Recuerdo que eras algo hiperactivo, apenas
comenzando la universidad… ni siquiera estábamos seguros de que queríamos ser,
pero nos teníamos el uno al otro y eso era lo importante.
Recuerdo las primeras peleas, los
berrinches y pucheros, los enojos y los celos que iban acompañados de sonrisas,
cosquillas, gritos eufóricos y mejillas ruborizadas. Era un equilibrio
perfecto, como cuando te dije que te amaba y luche contra mis padres por estar
contigo, cuando mentí para vernos y más de una vez te excuse ante la gente por
tus malos comportamientos.
Recuerdo cuando me perdía entre tus
besos, cuando me entregué a ti en cuerpo y alma y cuando rompiste mi corazón en
mil pedazos… esas lágrimas de tristeza y nostalgia que tanto derrame por ti, y
como poco a poco nos fuimos desilusionando, cayendo en la monotonía, llegando a
no poder reconocernos el uno al otro.
Recuerdo como murió lentamente
nuestro amor y hoy en mi vejez simplemente me pregunto a donde se fueron los
sueños, los hijos esperados en el hogar soñado, las metas compartidas, los besos
furtivos, las pasiones prohibidas, a donde fueron a parar… es más ¿porqué lo
soñamos?
Por
otro lado, yo seguí mi vida a pesar de tu constante intensidad, realmente
lamento que no entendieras el daño que me hacías, era inexplicablemente
ahogante y doloroso, pero aun así te fui olvidando, gracias a tus sinsabores
relativamente cercanos. No todo era malo, lo admito, pero ya íbamos por caminos
diferentes, y cuando quise reconocerte nuevamente, no encontré más que un niño
inmaduro, alguien perdido en la vida, sin metas y objetivos, obsesionado con
objetos obsoletos y sentimientos insanos. Una sola mirada basto para alejarme
aun más, que triste fue verte así.
Pero
me sirvió y mucho, para guardar en mi memoria lo bueno y olvidar lo malo,
y es por eso que hoy a unas pocas horas de mi muerte, quiero agradecerte por
haberme invitado a amar, por haberme hecho feliz, por haberme hecho sufrir,
porque fue así como aprendí a afrontar los retos futuros, gracias a la
fortaleza que me dio el destino cuando me caí y me pegué durísimo contra el
suelo al conocerte, pero así es la vida y así como la mía fue algo placentera,
espero que la tuya haya sido igual, que tengas salud y amor a tu alrededor y
sobre todo paz y tranquilidad.
Simplemente respiro y te
agradezco nuevamente, porque a pesar de los años jamás te olvide, porque eso de
que el primer amor nunca se olvida, es totalmente cierto, para bien o para mal,
tu desamor me hizo ser una mejor persona, y es algo que me llevaré a la
eternidad como un grato recuerdo de lo que fuiste tú.
Comentarios
Publicar un comentario